Hay un detalle en esta comparativa que descoloca a cualquiera que mire solo los precios: la tableta más barata trae un lápiz activo dentro de la caja y la más cara ni siquiera admite uno.
Antes de que eso decida la compra conviene matizarlo. Ese lápiz sirve para señalar y anotar por encima, no para tomar apuntes largos a mano, porque le falta precisión. Y hay una diferencia de fondo que pesa bastante más en el día a día: una de las dos tiene un procesador y una memoria muy por encima de la otra.
La pantalla, igual de nítida pero no igual de brillante

Empezamos por lo que comparten. Las dos montan un panel de 11 pulgadas con resolución de 1920 por 1200 puntos, laminado y con refresco de 90 hercios.
Comparadas de cerca aparecen dos matices distintos. El panel del Samsung es claramente más brillante, lo que se agradece cerca de una ventana o en la terraza.
La respuesta del Lenovo va por otro lado. Sus ángulos de visión son algo más estables, así que la imagen aguanta mejor cuando la tableta está apoyada en la mesa y la miras desde arriba.
Potencia y memoria: aquí no hay debate
Este es el apartado donde la diferencia de precio se justifica sola. Un Snapdragon 695 a 2,2 gigahercios frente a un MediaTek Helio G88, con más de un 50 % de diferencia en las pruebas de rendimiento habituales.
La memoria acompaña esa distancia. Ocho gigas de memoria contra cuatro, lo que cambia por completo cuántas aplicaciones se mantienen abiertas sin recargar.
La consecuencia se nota en el uso más corriente. Saltar entre el navegador, el vídeo y la mensajería es fluido en una y provoca esperas en la otra, y esa sensación se agrava con los años.
Altavoces: Dolby Atmos en el barato

Aquí el orden vuelve a invertirse. El Lenovo incorpora compatibilidad con Dolby Atmos, algo que el Samsung no ofrece pese a montar también un par estéreo.
Para el uso más frecuente de una tableta de esta gama eso cuenta. Ver una película solo en casa, sin auriculares, es donde unos altavoces mejor resueltos marcan diferencia.
El lápiz y hasta dónde llega
Volvemos al detalle del principio, que merece explicación. El lápiz activo entra en la caja del modelo más barato sin coste adicional.
Su alcance está claramente delimitado. Le falta precisión frente a los lápices de gama alta, así que no es la herramienta para tomar apuntes extensos a mano si eres estudiante.
Del otro lado la situación es más simple. El Galaxy Tab A9+ no admite lápiz activo, ni incluido ni comprado aparte, así que ese uso queda descartado por completo.
Almacenamiento
Punto a favor de la tableta de Samsung en la configuración habitual. Ciento veintiocho gigas de almacenamiento cubren con holgura aplicaciones, fotos y alguna serie descargada.
En esta gama conviene mirar siempre la ranura de tarjeta. Ampliar con una microSD es la forma barata de resolver el espacio en tabletas económicas, y suele estar disponible en ambas familias.
Software y años de actualizaciones

Un terreno donde Samsung ha construido ventaja en toda su gama. La marca coreana ofrece más años de actualizaciones que la mayoría de fabricantes Android, también en sus modelos de entrada.
Es un factor que no se ve al desembalar pero pesa a los tres años. Una tableta que deja de recibir parches se convierte en un aparato que no conviene usar para banca o correo, aunque siga funcionando perfectamente.
Tamaño, peso y sujeción
Son dos tabletas de once pulgadas y ninguna de las dos entra en la categoría de ligera. Once pulgadas es un formato pensado para apoyar, no para sostener media hora con una mano, y eso vale para las dos por igual.
Conviene pensar en la funda desde el principio. Una tapa con soporte convierte cualquiera de las dos en una pantalla de mesa, que es como se acaban usando en la cocina o en el escritorio. Ese accesorio es más barato y más fácil de encontrar en el caso de Samsung, sencillamente porque se venden muchas más unidades.
Setenta euros de por medio

Doscientos ochenta y nueve euros contra doscientos diecinueve. Setenta euros de diferencia, con el lápiz incluido del lado barato.
Descontando ese accesorio, la distancia real se estrecha. Un lápiz activo suelto cuesta entre veinte y treinta euros, así que en la práctica se están pagando unos cuarenta o cincuenta euros por bastante más potencia y el doble de memoria.
Cuál dura más años
El Samsung Galaxy Tab A9+ es la elección si la tableta va a durar años. Más potencia, el doble de memoria, más brillo y más años de actualizaciones son argumentos que se aprecian cada día.
El Lenovo Tab M11 encaja como tableta de consumo puro y para gastar poco: ver series con buenos altavoces, navegar y garabatear con el lápiz que viene de regalo. Como aparato para niños o como segunda tableta de casa, cumple de sobra.


