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iPad 10 vs iPad 11 – Mismo cristal por fuera, el doble de memoria por dentro

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Si pones estas dos tabletas boca arriba sobre una mesa no hay forma humana de distinguirlas. Mismo cuerpo, mismos bordes planos, misma cámara frontal en el lado largo y exactamente el mismo panel. Apple ha reciclado el chasis entero.

El relevo, por tanto, hay que buscarlo debajo del cristal. Lo que más va a notar cualquiera no es el procesador nuevo sino que el almacenamiento de partida se duplica, porque los 64 gigas del modelo antiguo se quedaban cortos casi desde el primer mes. La memoria también sube y eso cambia cómo se comporta con varias aplicaciones abiertas.

¿Qué encontrarás en la comparativa?

De 64 a 128 gigas de serie

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Empezamos por lo que más molesta del modelo antiguo. La versión básica de la décima generación sale con 64 GB, una cifra que se agota con un puñado de aplicaciones, fotos y algún juego.

El relevo corrige eso de raíz. El almacenamiento de partida pasa a 128 GB, con opciones de 256 y 512, y en una tableta que no admite tarjetas de memoria esa diferencia condiciona toda su vida útil.

Conviene subrayarlo porque es el argumento decisivo: quedarse sin espacio en un iPad no tiene arreglo posterior. Ni tarjeta, ni ampliación, ni nada que no pase por borrar cosas o pagar almacenamiento en la nube todos los meses.

Del A14 al A16

Dos generaciones de salto en el procesador que se traducen en una mejora sensata, no espectacular. El rendimiento sube entre un 20 y un 25 % respecto al modelo anterior, con una CPU de cinco núcleos y gráficos de cuatro.

Hay que ser honesto con lo que eso significa en el uso corriente. Navegar, ver vídeo, usar la tableta como cuaderno o abrir el correo funciona igual de bien en los dos. La diferencia asoma en juegos exigentes y en edición de fotos o vídeo, no en el día a día.

Cuatro gigas de memoria contra seis

Esta mejora es menos vistosa que la del procesador y se nota bastante más. La memoria RAM pasa de 4 a 6 gigas, lo que permite mantener más aplicaciones vivas en segundo plano.

El síntoma que desaparece es muy reconocible. Cambiar de una aplicación a otra y encontrártela recargando desde cero es exactamente lo que ocurre cuando falta memoria, y es la queja más repetida de quienes usan el modelo antiguo con varias cosas abiertas a la vez.

La pantalla, sin tocar

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Aquí no hay nada que decidir porque no hay diferencia. Ambas montan el mismo panel Liquid Retina de 10,86 pulgadas, con resolución de 2360 por 1640 puntos y 500 nits de brillo.

Comparten también la misma densidad de píxeles y el ajuste automático de tono de blanco. Puestas una junto a otra reproduciendo el mismo contenido, el ojo no encuentra ninguna diferencia, y quien esperase un salto en refresco o en luminosidad se va a llevar un chasco.

Inteligencia artificial: ninguna de las dos

Este punto conviene dejarlo claro porque genera bastante confusión al comprar. La generación nueva tampoco es compatible con las funciones de inteligencia artificial de Apple, pese a estrenar procesador.

La razón está en la combinación de chip y memoria, que Apple reserva para gamas superiores. Quien busque una tableta con esas funciones tiene que mirar directamente a la familia Air o Pro, no a la básica.

Autonomía y carga

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Empate declarado y sin sorpresas. Las dos anuncian en torno a diez horas de uso, la cifra clásica de Apple para toda su familia de tabletas.

En la práctica esa cifra se cumple razonablemente con brillo medio y tareas ligeras. El procesador más eficiente del modelo nuevo puede arañar algo de tiempo en tareas exigentes, pero no es una diferencia que vaya a cambiar la rutina de nadie.

Accesorios y compatibilidad

Un punto práctico que puede ahorrar dinero. Al mantenerse el chasis, buena parte de las fundas y soportes del modelo antiguo siguen valiendo para el nuevo.

Con el lápiz conviene mirar con lupa antes de comprar. Apple ha ido cambiando de modelo de lápiz y de sistema de carga entre generaciones, así que hay que confirmar la compatibilidad exacta del que tengas en lugar de darlo por hecho.

Cámaras y videollamadas

Las dos generaciones comparten una decisión que en su día fue novedad y hoy es lo normal. La cámara frontal va en el lado largo del cuerpo, no en el corto, de modo que al poner la tableta apaisada sobre un teclado quedas centrado en la videollamada en lugar de mirando de lado.

En la cámara trasera tampoco hay motivo para elegir. Ninguna de las dos está pensada para hacer fotos serias: cumplen para escanear un documento o capturar una pizarra, y ahí se acaba su cometido.

En la tienda casi no se separan

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Cuatrocientos veintiocho euros contra cuatrocientos cuarenta y nueve. Veintiún euros separan a las dos generaciones en el momento de escribir esto.

Puesta así, la comparación se deshace sola. Por menos de lo que cuesta una funda te llevas el doble de almacenamiento, un 50 % más de memoria y dos generaciones de procesador. No hay mucho que debatir.

Qué tiene sentido comprar

El iPad 11 es la compra evidente mientras la diferencia de precio se mantenga en estos términos. Los 128 gigas de partida por sí solos ya justifican el salto, y el resto viene de propina.

La décima generación solo merece la pena de segunda mano o con un descuento fuerte, y aun así conviene buscar la versión de 256 gigas para no repetir el problema del espacio. Como tableta de consumo —vídeo, navegación, lectura— sigue cumpliendo perfectamente.

Si estás valorando subir de gama, echa un vistazo a iPad Pro (M4) vs iPad Air (M2).