El de Sony es, para mucha gente, el auricular de botón de referencia desde que salió. El de Bose no llegó a pelear ese trono: llegó a colocarse justo por debajo y a un precio bastante menor, que resulta ser una estrategia mucho más incómoda para el líder.
La comparación acaba siendo una cuestión de cuánto pagas por el último escalón. La cancelación del modelo japonés es algo mejor, y su sonido algo más refinado, pero el de Bose aguanta más horas, suena con más energía y cuesta setenta euros menos.
Quién cancela más

Vamos con el apartado que más se busca en esta categoría. Los dos ofrecen una cancelación de primer nivel, de las que dejan un vagón de metro en un murmullo.
La ventaja, cuando la hay, es corta. El modelo de Sony conserva un pequeño margen a su favor, resultado de un procesado más afinado y de una gama de micrófonos algo más completa.
Conviene calibrar cuánto vale ese margen. En la mayoría de situaciones cotidianas no vas a distinguir cuál llevas puesto: la diferencia asoma en entornos con ruido muy cambiante.
Autonomía: media hora y cinco de reserva
Aquí el orden se invierte. Ocho horas y media de reproducción frente a ocho en una sola carga, con la cancelación activada en ambos casos.
La reserva del estuche marca más distancia. Veintiuna horas adicionales contra dieciséis, cinco horas de diferencia que se notan en una semana de trayectos.
Sumando todo, la ventaja cae del lado del más barato. Casi treinta horas totales frente a veinticuatro, lo que en la práctica es una recarga menos por semana.
Cómo suena cada uno

Son dos afinaciones con personalidad distinta y ninguna es objetivamente mala. El sonido de Bose resulta más enérgico, con más empuje y más pegada.
El planteamiento del rival es más contenido. Su afinación busca refinamiento y equilibrio antes que impacto, y es la que suele preferir quien escucha música con atención.
La elección depende del oído y del repertorio. Para música electrónica, pop o entrenar, el empuje del Bose entra mejor; para acústico, jazz o clásica, el equilibrio del Sony.
LDAC y calidad de la conexión
Un punto técnico donde el modelo caro tiene algo que el otro no. Los Sony admiten LDAC, el códec de alta resolución que permite enviar más información por Bluetooth.
Su utilidad depende por completo de dos cosas. Hace falta un móvil Android compatible y una fuente de música de calidad suficiente para que ese ancho de banda extra sirva de algo.
Con un iPhone, la ventaja se evapora. Los aparatos de Apple no admiten LDAC, así que ese argumento no cuenta para quien venga de ese ecosistema.
Comodidad y sujeción
Terreno donde Bose lleva años trabajando con acierto. Sus almohadillas con aleta de sujeción se agarran muy bien al oído sin apretar, un diseño que la marca arrastra desde generaciones anteriores.
Los del rival apuestan por el tamaño mínimo. Un cuerpo pequeño y ligero desaparece en la oreja y molesta poco tumbado de lado, algo que agradecerá quien duerma con ellos puestos.
Aplicaciones y ajustes

Los dos ofrecen aplicación completa y funcionan igual en Android que en iPhone. Ecualizador, control del nivel de cancelación y modos de sonido ambiente están cubiertos en ambas.
La de Sony añade un repertorio de funciones más amplio. Ajustes automáticos por ubicación, pausa al hablar y personalización del audio espacial forman parte de un paquete bastante más denso.
Que eso sea una ventaja depende de cada uno. Hay quien agradece configurar cada detalle y quien prefiere una aplicación que se abre dos veces y no más.
Modo transparencia y llamadas
Es la función que más se usa sin darse cuenta: dejar entrar el sonido de fuera sin quitarse los auriculares. Los dos reproducen el ambiente con los micrófonos y permiten regular cuánto se cuela, con resultados naturales en ambos casos.
En llamadas hay un matiz que conviene conocer. Los auriculares de botón captan la voz desde bastante lejos de la boca, así que el viento y el tráfico les cuestan a todos. Ninguno de los dos hace milagros en la calle, aunque los dos se comportan correctamente en interiores y en videollamada.
Setenta euros de distancia

Ciento treinta euros contra ciento noventa y nueve. Prácticamente un tercio menos de factura por el modelo de Bose.
Puesto en esos términos, la comparación cambia de naturaleza. No se trata de cuál es mejor, sino de si ese último escalón de cancelación y refinamiento vale setenta euros. Para la mayoría de la gente, no.
Nuestra elección
Los Bose QuietComfort Earbuds son la compra sensata en esta pareja: cancelan casi igual, aguantan más, se sujetan de maravilla y cuestan setenta euros menos.
Los Sony WF-1000XM5 se justifican si quieres lo máximo en cancelación, si escuchas música con atención en un Android compatible con LDAC o si te gusta tener el control fino de cada ajuste.
Si prefieres el formato de diadema, tienes la comparación equivalente en Bose QuietComfort Ultra vs Sony WH-1000XM5.


