Antes de entrar en cifras conviene avisar de algo que a más de uno le ha estropeado el plan: estos dos altavoces no se pueden emparejar entre sí. La generación nueva ha cambiado el sistema con el que JBL conecta sus aparatos y ha roto la compatibilidad hacia atrás.
Si ya tienes uno y pensabas comprar el otro para montar sonido en estéreo, el plan no funciona. Y si empiezas de cero, la pregunta es otra: quince euros separan a los dos en la tienda, y esa cercanía hace que la comparación sea bastante desigual.
Auracast contra PartyBoost: por qué no se entienden

Este es el cambio de fondo de la generación. El Boombox 3 usa PartyBoost, el sistema propietario con el que JBL lleva años enlazando altavoces, y solo habla con otros aparatos de la marca que monten esa misma tecnología.
La entrega nueva ha dado el salto a un estándar. Auracast sustituye a PartyBoost con emparejamiento más sencillo, más alcance y una conexión mucho más estable al enlazar varios altavoces, pero no reconoce a los modelos de la etapa anterior.
Traducido a la práctica: un Boombox 4 se junta con un Xtreme 5, un Charge 6 o un Flip 7, y un Boombox 3 se junta con los de su propia época. No hay puente entre las dos familias, y conviene decidir en cuál se entra.
Cuatro horas más y, sobre todo, extraíble
La cifra de catálogo mejora, aunque no de forma escandalosa. Veinticuatro horas de reproducción frente a veintiocho, con un paquete de baterías que pasa de 69,7 a 99 vatios-hora.
Lo que de verdad cambia el planteamiento no es esa cifra sino el formato. La batería de la generación nueva se extrae y se sustituye, y además es la misma que monta el PartyBox 520, de modo que se puede llevar una de repuesto cargada.
Para un altavoz de este tamaño y precio eso importa doblemente. Una batería reemplazable alarga la vida útil del aparato varios años, que es exactamente lo que suele matar a los altavoces portátiles caros.
Potencia: más vatios y menos peso

Aquí la mejora es clara y medible. La potencia RMS sube de 180 a 210 vatios enchufado a la corriente, y de 136 a 200 funcionando con batería, que es como se usa el 90 % del tiempo.
Ese salto en el modo batería es el dato importante y explica por qué en las pruebas el modelo nuevo suena bastante más fuerte fuera de casa. Un altavoz que rinde casi igual con y sin enchufe es algo poco habitual en este formato.
Y hay una sorpresa añadida: pese a montar más batería y más potencia, la unidad nueva pesa menos que la anterior. En un aparato que se lleva del asa por la playa, eso se agradece.
Entradas y calidad de fuente
Un apartado que solo interesa a una parte del público, pero que marca diferencia real. El modelo nuevo admite reproducción sin pérdidas por USB-C con conversor digital integrado, así que puedes enchufarle el portátil o el móvil y saltarte la compresión del Bluetooth.
El veterano no tiene esa opción, aunque guarda una carta propia: el Boombox 3 emite por Wi-Fi además de por Bluetooth, lo que permite dejarlo sonando en casa mientras usas el teléfono para otra cosa. Son dos ventajas distintas y ninguna anula a la otra.
Ajustes de sonido desde la aplicación
El control fino también ha crecido. La app ofrece un ecualizador de siete bandas para el modelo nuevo, más dos modos de refuerzo de graves seleccionables desde la pantalla: uno más profundo y otro más seco y golpeado.
Con la generación anterior el margen de ajuste existe pero es menor. Quien no vaya a tocar nada notará poca diferencia; quien disfrute afinando el sonido a su gusto tiene aquí un motivo más.
Resistencia y uso en exteriores

Ninguno de los dos se arruga fuera de casa. La certificación IP67 del veterano cubre polvo y una inmersión breve, que es todo lo que se le puede pedir a un altavoz de fiesta.
El modelo actual mantiene esa filosofía de aparato para llevar a cualquier parte, con asa robusta y construcción pensada para golpes. En este terreno la elección no depende del aguante sino del peso que quieras cargar.
Tamaño y transporte
Los dos son aparatos grandes, de los que se llevan con las dos manos o colgados del asa, y ninguno cabe en una mochila normal. El asa rígida integrada es lo que hace manejable un altavoz de este peso, y ambos la mantienen en la misma posición.
La diferencia, ya apuntada, está en la báscula. Cargar menos kilos con más batería dentro es la clase de mejora que solo se aprecia al cuarto viaje al coche, y en un altavoz pensado para fiestas al aire libre esos viajes son la norma, no la excepción.
El precio, que es lo que descoloca

Cuatrocientos diez euros contra cuatrocientos veinticinco. Quince euros de diferencia por más potencia, más batería, batería extraíble, entrada sin pérdidas, Auracast y menos peso.
Con esa distancia, la comparación deja de ser una comparación. El único escenario en el que el modelo anterior tiene sentido es encontrarlo con un descuento importante o necesitar la emisión por Wi-Fi, que es lo único que se ha quedado por el camino.
Salvo oferta muy fuerte, el Boombox 4
El JBL Boombox 4 es la elección salvo que aparezca una oferta muy agresiva del anterior. Mejora en casi todo lo que se puede medir, cuesta prácticamente lo mismo y entra en el ecosistema al que JBL va a seguir dando soporte.
El Boombox 3 solo defiende su sitio si ya tienes otros altavoces con PartyBoost y quieres que todos suenen juntos, o si el Wi-Fi te resulta imprescindible. Fuera de ahí, cuesta justificarlo.
Si quieres verlo enfrentado a un formato más manejable, tienes JBL Xtreme 4 vs Boombox 3.


