Los dos caben en el bolsillo de una sudadera, los dos traen su correa para colgarlos de la mochila y los dos aguantan un chapuzón sin inmutarse. Puestos en la mesa parecen la misma idea repetida por dos marcas distintas.
Y sin embargo hay un dato que rompe el empate de manera bastante brusca: más del doble de horas de música, y encima por menos dinero, caen del lado del Sony. Antes de dar el asunto por zanjado conviene mirar qué se recibe a cambio de esos veinte euros extra, porque la autonomía no es el único terreno donde se juega esta comparativa.
Dieciséis horas contra siete: no hay color

Es la diferencia más gorda y la que más se nota en la práctica. Dieciséis horas de reproducción es lo que declara Sony para el XB100, una cifra que aguanta bastante bien el contraste mientras no lo pongas a volumen de fiesta.
Enfrente, la cifra del Go 4 se mueve entre siete y nueve horas según cómo lo uses, y ese margen tan ancho depende sobre todo del volumen y del ecualizador que tengas cargado. Traducido a fin de semana: uno sale el viernes y vuelve el domingo sin ver un cargador, el otro te pide enchufe cada noche.
La recarga sí va pareja. Ambos rellenan por USB-C en unas tres horas, así que la diferencia real está en cuántas veces tienes que hacerlo, no en lo que tardas cada vez. Y ahí es donde se decide si el altavoz vive en la mochila o vive en la mesilla junto al cable.
Hay un efecto secundario que casi nadie menciona: cuando un aparato aguanta dos días, dejas de racionar el volumen. Con siete horas por delante uno tiende a bajarlo «por si acaso», y eso condiciona bastante cómo acabas escuchando música en la playa.
Dos formas de sacar graves de una caja diminuta

Aquí la cosa se equilibra, porque son dos maneras distintas de resolver el mismo problema físico: sacar graves de una caja diminuta.
La solución de Sony es clásica y eficaz. Un altavoz de rango completo acompañado de un radiador pasivo —una membrana sin imán que se mueve empujada por la presión del aire dentro de la carcasa— consigue una zona de graves medios bastante más llena de lo que cabría esperar en algo tan pequeño. Justo donde vive la mayoría de la música popular.
El planteamiento del rival es otro. Un driver de 45 milímetros sin radiador pasivo, con el resultado confiado al procesado digital, da como resultado una firma más brillante y con más presencia en la parte alta del espectro. Ninguno de los dos hace milagros a volumen máximo, pero cada uno prioriza una cosa y se nota desde la primera canción.
Si escuchas mucho pop, reguetón o electrónica, ese refuerzo de la parte baja juega a favor del Sony. Si lo tuyo son podcasts, voces y acústico, la claridad en agudos del JBL resulta más agradecida porque separa mejor las palabras del fondo.
La app, el punto donde el JBL saca ventaja
Si te gusta trastear con el sonido, esto te importará más que las horas de batería. La aplicación de JBL abre el ecualizador y deja guardar el ajuste que más te guste, además de ofrecer perfiles hechos según el tipo de música.
Con el otro no hay nada de eso: el XB100 suena como Sony decidió que sonara y ahí se acaba la conversación. Para mucha gente es una ventaja disfrazada —enciendes y funciona, sin menús— pero quien viene de ecualizar sus auriculares echa de menos poder tocar algo.
Conviene ponerlo en perspectiva: en un altavoz de este tamaño el margen que da un ecualizador es limitado, porque no se puede pedir a un cono de cuatro centímetros lo que no puede dar. Ayuda a corregir excesos, no a cambiar de categoría.
Aguante y agarre: empate técnico

En resistencia no hay discusión ni motivo para elegir. Certificación IP67 en ambos casos, o sea, polvo fuera y sumergibles un rato sin consecuencias: playa, piscina, ducha y obra, los cuatro escenarios de siempre.
El agarre se resuelve distinto pero con la misma intención. Una correa de tela suelta, que se ata a la muñeca o al asa de una bolsa, es la solución del Sony, mientras que el bucle del JBL viene integrado en el propio cuerpo del altavoz. Cuestión de gustos, aunque la correa suelta tiene el vicio de acabar perdida en el fondo de un cajón.
El precio, que aquí decide bastante

Y aquí llega el remate del asunto. Treinta y cinco euros frente a casi cincuenta y cuatro: en un producto que no llega a los sesenta, esa distancia es enorme en términos porcentuales.
Dicho de otro modo, pagas alrededor de un 50 % más por la mitad de batería. Lo que compensa esa cuenta es la app, la firma de sonido más clara y, seamos honestos, el nombre en la carcasa, que en altavoces portátiles pesa lo suyo a la hora de regalar.
¿Con cuál te quedas?
Para la mayoría de la gente el Sony SRS-XB100 es la compra sensata: cuesta menos, dura más del doble y suena con más cuerpo en la parte de abajo. Si el altavoz va a vivir en una mochila y la idea es olvidarse de él, no hay mucho que pensar.
El caso contrario también existe. Tiene sentido pagar de más por el Go 4 si vas a ecualizarlo, si prefieres un sonido más claro para voces o si ya tienes otros aparatos de la marca y te apetece que todo case. También si el bucle integrado te convence más que una correa que se descuelga.
Si quieres ver cómo queda el Go 4 dentro de su propia familia, lo tienes frente a la generación anterior en JBL Go 4 vs Go 3 y contra su hermano con mosquetón en JBL Clip 5 vs Go 4.


