Las dos son barras compactas, las dos llevan micrófonos para hablarles y las dos se conectan al televisor por HDMI. Del tamaño y del planteamiento no se puede sacar gran cosa para elegir.
La diferencia empieza en lo que cada una es capaz de decodificar. Solo una de las dos reproduce Dolby Atmos, el formato con altura que reparten las plataformas de cine en casa. Y termina en la etiqueta: trescientos euros separan a una barra de la otra, lo que obliga a preguntarse cuánto vale ese formato.
Dolby Atmos: solo una lo decodifica

Es la diferencia estructural de esta comparativa. La barra de Sonos reproduce contenido en Dolby Atmos, con la información de altura que trae la pista.
La otra trabaja de manera distinta. Monta altavoces que disparan hacia arriba para crear sensación de altura, pero no decodifica el formato tridimensional: procesa lo que recibe y lo abre.
Conviene ser honesto con lo que aporta ese formato en una barra tan pequeña. Sin altavoces traseros, el efecto tridimensional es una sugerencia, no una envolvente real. Se percibe más amplitud y algo de altura, poco más.
Escena sonora y construcción
Los análisis comparativos dan ventaja al modelo caro en este apartado. La Beam ofrece una escena sonora más ancha y un comportamiento mejor en efectos envolventes, con una configuración de cinco canales bien resuelta.
El planteamiento de Bose reparte sus virtudes en otro sitio. Hay quien encuentra más cuerpo y más graves en la barra de Bose, que es una diferencia de afinación más que de calidad.
Cómo se enchufan al televisor

Las dos cubren lo que hace falta hoy. Ambas se conectan al televisor por HDMI con retorno de audio, que es lo que permite mandar el sonido desde la tele a la barra con un solo cable.
La de Bose añade opciones que conviene conocer. Incluye entrada óptica para televisores antiguos y salida específica para conectar un subwoofer, algo que amplía las posibilidades de montaje.
El control por voz
Terreno común y bien resuelto en ambas. Las dos llevan micrófonos integrados y responden a los asistentes de voz sin necesidad de un altavoz aparte.
Es la razón por la que estas barras se venden como «inteligentes». Poder apagar la luz o poner música pidiéndolo en voz alta convierte la barra en un altavoz de casa, no solo en un accesorio del televisor.
Ampliación y ecosistema
Aquí está uno de los argumentos más fuertes de la barra cara, y no se ve en la ficha. El sistema de Sonos permite añadir subwoofer y altavoces traseros de la marca y montar un equipo repartido por toda la casa.
Ese camino se recorre con los años. Empezar con la barra sola y añadir piezas más adelante, sin cambiar nada de lo anterior, es lo que justifica pagar más de entrada.
La marca rival también tiene su propio sistema de ampliación. Admite añadir graves y traseros dentro de su familia, aunque con un catálogo más corto y menos orientado al audio multihabitación.
Tamaño y colocación

Las dos son barras pensadas para televisores normales de salón. Su longitud contenida les permite caber delante de una pantalla de 55 pulgadas sin sobresalir.
Hay un detalle a comprobar antes de comprar cualquiera de las dos. Si la barra tapa el sensor del mando o el borde inferior de la pantalla, hará falta un soporte o un mueble más alto, un problema muy común con televisores de patas bajas.
La aplicación y el día a día
Es el apartado donde más se nota la filosofía de cada marca. La aplicación de Sonos gestiona todos los altavoces de la casa desde la misma pantalla, con las fuentes de música integradas y control de qué suena en cada habitación.
La del rival cumple con lo esperable sin ir tan lejos. Sirve para configurar la barra, ajustar el sonido y calibrarla al salón, que es lo que la mayoría necesita. Si solo vas a tener una barra y nada más, esa diferencia no te va a afectar; si piensas ir sumando altavoces por la casa, es determinante.
Trescientos euros de por medio

Cuatrocientos noventa y nueve euros contra doscientos. La barra de Sonos cuesta dos veces y media lo que la de Bose.
Esa distancia obliga a mirar el conjunto. Por la diferencia se puede comprar la barra barata y añadirle un subwoofer, que probablemente mejore más la experiencia de cine que el formato con altura.
Cuál tiene más sentido
La Sonos Beam de segunda generación encaja con quien vea cine con material en Dolby Atmos y quiera montar un sistema por fases. Su escena sonora es más ancha y su ecosistema, el más completo del mercado doméstico.
La Bose Smart Soundbar 300 es la compra práctica para dejar de sufrir los altavoces del televisor. Suena con cuerpo, responde a la voz, admite subwoofer y cuesta menos de la mitad.
Si buscas algo aún más contenido dentro de Sonos, tienes Sonos Ray vs Sonos Beam 2.


