Cuando dos cascos con cancelación de ruido se plantan en la misma horquilla de precio, lo normal es que acaben copiándose las prestaciones. Estos dos han hecho justo lo contrario: cada uno fue a por una cosa distinta y renunció a la del otro.
Por un lado, una cifra de batería que parece un error de imprenta. Por el otro, sesenta gramos menos en la cabeza y mejor cancelación justo en la franja donde vive el ruido que de verdad molesta. No hay un ganador limpio: hay dos perfiles de comprador bastante distintos.
La batería, donde el JBL se dispara

Empecemos por el dato que se lleva todos los titulares. Hasta 70 horas de reproducción con la cancelación apagada es lo que declara el Tune 770NC, una cifra que en la práctica significa semanas enteras de trayectos sin acordarte del cable.
Enfrente, la marca del Sony se queda en 35 horas, exactamente la mitad. No es mala cifra —cubre de sobra una semana de oficina con margen— pero puesta al lado de la otra parece corta.
Hay un matiz que casi nadie cuenta y que reequilibra bastante el asunto: tres minutos enchufado dan una hora de música en el modelo de Sony. Si eres de los que se acuerda del cargador con la mano en el pomo de la puerta, ese detalle vale más que veinte horas de reserva teórica.
Con la cancelación activada, además, las dos cifras bajan y la distancia se recorta, porque el circuito de ANC consume por su cuenta. La ventaja del JBL sigue siendo clara, pero no es la que sugiere el titular de la caja.
Cancelación de ruido: dos maneras de tapar el mundo

Aquí el orden se invierte, y conviene entender por qué. Entre 20 y 23 decibelios de atenuación en la franja de los 200 a los 1.000 hercios es lo que consigue el Sony con una versión simplificada de su procesador V1. Esa franja es la de las voces, el murmullo de oficina y el traqueteo del vagón.
El algoritmo adaptativo del rival juega en otra zona. Defiende muy bien la parte más grave del espectro —el zumbido del motor de un autobús, el aire acondicionado, el rumor de una cabina de avión— pero flojea precisamente en esas frecuencias medias donde el Sony aprieta.
La traducción práctica es sencilla: en un avión los dos cumplen; en una cafetería llena de gente hablando, la diferencia se nota y va para el Sony. Piensa en dónde vas a usarlos de verdad antes que en cuál cancela «más».
Peso y transporte: ligereza contra plegado
Son 61 gramos de diferencia y se notan más de lo que parece. Ciento noventa y dos gramos es una cifra rarísima para un casco de diadema con cancelación, y esa ligereza es el mejor argumento del Sony en jornadas largas: a las tres horas sigue sin pesar en la coronilla.
El JBL paga la ligereza para ganar otra cosa. Sube hasta los 253 gramos, pero se pliega sobre sí mismo y acaba ocupando bastante menos en la mochila. El otro no se pliega: las cápsulas giran y poco más, así que necesita un hueco con forma de casco.
Elegir depende de dónde vayas a sufrir. Si el problema es llevarlos puestos seis horas seguidas, gana el ligero; si el problema es meterlos en un bolso pequeño, gana el que se dobla. Dicho de otra forma: oficina contra viaje.
Ajustes y aplicación

Este punto se resuelve rápido y cae del lado del JBL. Su aplicación permite ecualizar el sonido y guardar el perfil que prefieras, algo muy agradecido en unos cascos de gama de entrada, donde la firma de fábrica no siempre acierta con todos los estilos.
En el otro caso, el sonido llega tal y como sale de fábrica en lo que a personalización fina se refiere. Hay quien lo prefiere así porque se ahorra menús, pero si eres de tocar bandas de ecualización, es una limitación real y la vas a notar el primer día.
En conectividad no hay batalla. Los dos aguantan emparejamiento con dos aparatos a la vez, o sea, saltar del portátil al móvil cuando entra una llamada sin desemparejar nada a mano.
Están pegados en precio

Están pegados. Setenta euros frente a unos ochenta, una distancia de diez que no debería decidir la compra por sí sola.
Lo interesante de esa cercanía es que no estás pagando más por más, sino por otra cosa: diez euros de diferencia te compran cuarenta horas extra de autonomía y una app, o te ahorran sesenta gramos y te dan mejor cancelación de voces. Es un cambio de cromos, no un escalón de gama.
Ligereza o autonomía, hay que elegir una
El Sony WH-CH720N es para quien los va a llevar puestos muchas horas seguidas y trabaja rodeado de gente hablando. Ligereza y cancelación en frecuencias medias son sus dos argumentos, y son buenos argumentos.
El perfil contrario está igual de claro. Setenta horas y un plegado decente apuntan a quien odia cargar aparatos, viaja con equipaje justo o quiere retocar el sonido a mano hasta dejarlo a su gusto.
Si te interesa el modelo de Sony, aquí lo tienes medido contra la generación anterior del JBL en Sony WH-CH720N vs JBL Tune 760NC. Y si estás dispuesto a subir de gama, mira Space Q45 vs Momentum 4 vs Sony WH-1000XM5.


